Algo inusual.
Algo inusual.
Me levanté y comencé mi usual ritual mañanero: lavado de cara, ropa y desayuno, en ese orden. Cerré la puerta de casa y me adentré en el sendero que ya había recorrido más de 365 días seguidos. Esa mañana corría un viento gélido, y a mi paso podía notar la hierba encharcada. A pesar de la llovizna de la noche anterior, todo parecía normal, incluso monótono. Fue entonces cuando atisbé una imagen que se eregía sobre el riachuelo: un majestuoso cisne de un blanco impoluto, casi cegador. Inmediatamente, mi mente asoció esa imagen con el amor y la fidelidad. Y sin embargo, aquella criatura no podía parecer más sola y desorientada.
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